Internet evoluciona rápidamente en múltiples direcciones, algunas de las cuales son muy dispares y controvertidas. Hemos vivido la etapa de las redes sociales, donde comenzamos a experimentar nuevos espacios de interacción y a veces de confusión social; también la fase de Google, que nos enseñó a buscar cualquier información y a conformarnos con la primera respuesta que encontramos; y la era multimedia que popularizó el término “selfie”. Pero, ¿en qué fase de Internet nos encontramos hoy?
Estamos en la fase de las «bases de datos»: los servicios que usamos se han transformado en auténticas bases de datos, inmensos contenedores, repositorios multimedia donde todo está disponible y es posible buscar cualquier cosa.
Estas “bases de datos” son el resultado de un proceso evolutivo que nos ha llevado, en el mundo real, a perdernos en megatiendas, grandes almacenes repletos de miles de alternativas para cada bolsillo. Hemos llegado a pasar muchas horas enfrente de nuestros teléfonos inteligentes, cada vez más potentes en cuanto a rendimiento, con pantallas de alta calidad, seguidores y amigos. Además, hemos aprendido a comprar en línea, explorando megatiendas virtuales, una evolución mucho más amplia que los grandes almacenes mencionados.
Nos hemos habituado a investigar entre miles y decenas de miles de opciones, comparando cada tipo de compra o necesidad cotidiana que se nos presente a través de las vastas bases de datos de Internet.
Las «bases de datos» son también producto de la habilidad de los usuarios para leer, filtrar y desplazarse rápidamente por los contenidos en la red, una característica de muchos cibernautas. Sin embargo, esta velocidad a menudo no se traduce en una lectura profunda ni en una selección consciente. Poco importa, lo esencial es tener acceso a un sinfín de alternativas y ser rápidos en las decisiones.
Servicios como Netflix, RAI Play, Disney, YouTube y Spotify son ejemplos de enormes bases de datos que nos permiten navegar por una cantidad ilimitada de contenidos que ofrecen constantes novedades.
Estas bases de datos digitales están adornadas con atractivas carátulas a disposición de millones de usuarios, donde la base de datos se convierte en su propia vitrina.
Su propio formato de presentación demuestra la amplitud de la oferta; la base de datos está expuesta, disponible y evidente, a solo un clic de distancia.
Las oportunidades están ahí, frente a su pantalla, seleccionables al instante. La evolución en las modalidades de lectura visual de los cibernautas permite superar el modelo tradicional de la tipografía, donde la pantalla se asemeja y actúa como una hoja de papel. El usuario puede buscar películas, series, canciones o libros sin necesidad de levantarse del sofá o mientras se desplaza, incluso puede comprar en línea mientras realiza compras en el mundo real.
Dentro de estas grandes bases de datos, se puede navegar de manera ágil en todas las direcciones, moviéndose rápidamente entre lo que se muestra en la pantalla hacia otras alternativas, deslizando hacia arriba, abajo, de un lado a otro, o utilizando la búsqueda por voz.
Amazon, posiblemente la mayor de estas bases de datos (después de Google), ofrece miles de resultados ante cada búsqueda, con filtros de refinamiento adaptados a cada necesidad. Los precios son extremadamente competitivos y, en muchos casos, los productos llegan a nuestras casas en tan solo 24 o 48 horas.
Los grandes editores ofrecen libros en papel o e-books de todo tipo.
Los apartamentos en venta pueden ser consultados a través de bases de datos, al igual que los alquileres de verano. La música está disponible en streaming, todo ello a través de inmensas bases de datos.
La compra y el consumo suelen ser casi inmediatos; la oferta es potencialmente ilimitada y sigue creciendo, con millones de oportunidades a nuestra disposición.
Incluso las instituciones culturales están comenzando a ofrecer masivamente sus propias bases de datos que incluyen libros, obras de arte, fotografías, dibujos y propuestas culturales.
El nuevo internauta, aquel que ha navegado en la web durante más de una década, enfrenta dificultades para expresar su ser y pensamientos en línea. Se ve atrapado en debates inapropiados y es víctima de noticias falsas, pero, al mismo tiempo, se ha convertido en un hábil consumidor de bases de datos, capaz de seleccionar, comparar y adquirir. Tiene la capacidad de elegir entre enormes bases de datos informáticas.
Esta nueva habilidad para investigar, navegar y seleccionar está generando una brecha digital entre quienes saben cómo utilizar estas bases de datos y quienes no.
Los medios de comunicación tradicionales, como la televisión y la radio, que siguen un horario preciso, están viendo aumentar la edad media de su audiencia. Son personas que aún no saben elegir digitalmente entre las bases de datos.
Por otro lado, aquellos que son jóvenes o muy jóvenes están «dentro» de estas bases de datos, capacitados y con la necesidad de profundizar, seleccionar y crear listas de reproducción personales.
Han aprendido a comparar, seleccionar y decidir en cuestión de segundos. Esta capacidad de elección impactará en su autoconciencia, su autoestima, el tiempo que dedican al mundo real, sus hábitos de compra y los tiempos de espera, entre otros.
El público del futuro, que será capaz de elegir, interactuar y juzgar, será muy diferente al de generaciones pasadas.
Sin embargo, dado que Internet es un espacio en constante evolución, las bases de datos actúan simplemente como el trampolín hacia el siguiente paso.
La inteligencia artificial aplicada a las bases de datos, en conjunción con el monitoreo de nuestro comportamiento, permitirá que las bases de datos sugieran películas, libros y artículos conforme a nuestras necesidades, algo que ya está sucediendo en parte. Cuanto más evolucionen estos programas, y más datos tengan disponibles, los big data, más útiles y finalmente imprescindibles serán estas recomendaciones.
Las bases de datos se convertirán en recomendaciones personales y efectivas,
sugerencias generadas por software que utiliza estas bases de datos.
A esto se sumarán narrativas y storytelling generados también por inteligencia artificial, capaces de involucrarnos emocionalmente con historias y listas de reproducción creadas específicamente para nosotros. Las recomendaciones de las bases de datos se transformarán en relatos y en interacciones amigables y confiables.
Nuestra sociedad, cada vez más automatizada, está en plena transformación digital, lo que se evidencia en la relevancia que los bases de datos tienen en nuestra vida cotidiana.
Y es curioso pensar que hay quienes se sorprenden del impacto que los chatbots tendrán en nuestras vidas, mientras, al mismo tiempo, no se percatan de que estamos en el «tiempo de las bases de datos».
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